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22
may
2019
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Nadie es profeta en su tierra. Irán

Es justo y necesario escribir esta crónica viajera al regresar por segunda vez a Irán, un país con mala prensa internacional pero que esconde en su gente de a pie, una vida apasionante en forma de hospitalidad desmedida, buenas maneras y dignidad.

La vida de los iraníes  transcurre sencilla, como las estrellas que relucen en las noches despejadas.  Siempre están ahí, rodeándonos, ofreciéndonos su magia sutil; sin embargo, no todos los días nos detenemos a mirarlas ni recordamos que existen.

“Wellcome to Irán”, si necesitas algo toma mi teléfono, cuando llegues a la ciudad te llamará un familiar para que os quedéis en su casa, habéis comido?, podemos visitar el gran bazar de la ciudad, te llevaré sin problemas…

Con el pecho hinchado de esfuerzos, agradecidos, sorientes y tras la burocracía de rigor; Irán aparecía al otro lado. La clave de todo no está en llevar una vida sencilla sino en ser sencillos de pensamiento y saber qué es lo importante. Con los ojos cerrados, no deseábamos nada más, y para ello, basta con que dejemos de medir la felicidad por el dinero que tenemos o dejamos de tener, sino por aquellas cosas sencillas que no cambiaríamos ni por todo el dinero del mundo.

¿Por qué tantos mensajes de precaución, por qué Irán es considerado uno de los países del eje del mal, por qué este país abre titulares de prensa internacional a diario?, ¿será porque Irán tiene una de las mayores reservas de petroleo del planeta o porque cuando desayunas en un concurrido establecimiento, una mujer con su nieta se acerca con la mejor de su sonrisa, regalándote un par de rosas para decirte, bienvenidos a nuestro país?, ¿será peligroso Irán porque puedes dejar tu bicicleta con todas tus pertenencias durante horas en la calle o porque a cada paso los camioneros te ofrecen comida y té?

Esta primera parte de la Ruta de la Seda, ha llegado a su fin y atrás quedan tantas personas que sin ningún interés nos han brindado su ayuda, lo mejor del viaje, los aprendizajes y experiencias. El mundo es extraordinario y la mayoría de todos nosotros tenemos los mismos anhelos y sueños. Respira, ama, sé feliz, disfruta de las cosas sencillas de la vida… Esto es lo único urgente, lo demás, aunque no lo creas es secundario.

Nos quedamos con el placer de una buena amistad, con ese viento embriagador después de una tormenta, con la risa contagiosa de un niño, con los últimos rayos de sol que se ocultan en las montañas, con la satisfacción del esfuerzo y con emplear tu valioso tiempo en lo que te hace feliz.
Seguiremos soñando con nuevas metas, con nuevos destinos llenos de humanismo. Agradecido.

Desde Tabriz.
viajamundeando

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