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7
abr
2019
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Hazlo, y si te da miedo, hazlo con miedo. Turquía

Me levanto cada mañana con una buena cantidad de planes improvisados, con la satisfacción de tiempo bien aprovechado. Tengo esa especie de sensación de euforia calmada, del saber interno de que las cosas marchan, a mayor o menor ritmo, pero funcionan.

Nos adentramos por el interior de la gran Anatolia al ritmo perfecto que te proporciona la bicicleta, las bajas temperaturas de este invierno tardío y la visita al consulado de Irán para la obtención de la visa en Erzurum, nos hacen llegar a esta ciudad moderna e histórica.


Han quedado atrás momentos de emocionante hospitalidad, días de frío, lluvía, puertos de montañas y personas que nos ayudaron en todo momento sin pedir nada a cambio. Es difícil acostumbrarse a las despedidas constantes, diarias..con personas que con toda casi seguridad no volveré a ver jamás y que nos brindaron toda su generosidad, no hay términos medios, o eres hospitalario o no lo eres…sólo hay dos opciones; estar lleno de miedo frente al desconocido o llenos de amor. En los pequeños pueblos del interior, cuanto toca decir adiós, me monto en la bicicleta con pereza y dejo caer lágrimas de pura vida por un rostro agradecido, sereno…


La reflexión de los viajes y la meditación me proporcionan tiempo para “mirar hacia dentro”, llegando una y otra vez a las mismas conclusiones, claramente, no es la situación, el contexto o lo que te toca vivir lo que determina el que te sientas más o menos feliz. El bienestar no nace de ningún logro, de un viaje, de un hijo o de un coche de alta gama. Pasa por tener un sistema de valores muy bien amueblado, enfocarnos en el momento presente, amarnos de forma incondicional y saber apreciar lo que poseemos.

Todo lo que acabamos de enumerar va de la mano. Así, si nos esforzamos por cambiar nuestra filosofía de vida, que en buena parte de nosotros es bastante quejica, y adoptamos esta mirada alegre de la vida, nos percataremos de cómo podemos encontrar la felicidad exactamente donde queramos, lejos de la violencia dialéctica al encontrar diferencias en los demás.


Qué maravilloso es el camino hacia lo desconocido. Viajar “a la velocidad de las mariposas” es una continua adaptación al medio físico y una exposición constante a las personas que aparecen en el camino.


“Sed amables con los forasteros, ya sea que provengan de Turquía, Japón, Persia, Rusia, China o de cualquier otro país del mundo. Ayudadles a que se sientan como en su propia casa, y procurad que sus vidas sean un poco más agradables. Pues esta bondad ayudará a que sean mejores personas cuando regresen a casa”.


Que tu prioridad sea el amor: hacia ti mismo, la vida y los demás.  Capaz de amar lo sencillo, lo humano y a los pequeños detalles. ¿Te animas a ponerlo en práctica?, ¡Hazlo, y si te da miedo, hazlo con miedo!


Desde Erzurum en dirección a Agri, Turquía.
viajamundeando.

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