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5
ene
2013
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Golestán, tierra de rosas, Irán

 

Seguimos caminando por el país de las mil y una noches, pero precisamente no es Irán un lugar donde se excede en los colores. Las mujeres y los hombres van, en su mayoría, de riguroso negro y los pueblos tienen el color del desierto a excepción de las cúpulas y minaretes de las mezquitas. No hay babuchas doradas, ni turbantes que sorprendan, ni abalorios, ni lujos de vistosos colores de hilos de oro. Tan sólo las mujeres de las tribus nómadas que se ven en los bazares de Esfahan y Shiraz llevan indumentaria coloreada.

Nuestros días tomaron rumbo sur. En el sur, normalmente, encuentras un clima más agradable y gente dispuesta a compartir sus formas de vida. Hemos visitado la perla de Irán, Esfahan, donde nos hemos perdido en sus bazares y descubierto la comida sabsi (comida tradicional vegetariana de Irán).


En Esfahan hemos tenido una de las mejores experiencias con una familia local que nos abrió sus puertas de par en par para degustar exquisita comida persa, como el arroz con costra, pollo con dátiles, sopa de lentejas, crema de yogurth y pistachos y mucho té; sin preguntarnos de dónde veníamos o quiénes éramos…

Pero precisamente Irán no es de “color de rosas”, como escribe Ana Briongo en su libro “Negro sobre negro”, podríamos relacionar a este país con el color negro, porque negro es el petroleo de las reservas del golfo Pérsico, negro es el sofisticado caviar, y de este color es el chador de las mujeres o la contaminación de las grandes ciudades. Nosotros añadiríamos otros dos colores para definir Irán, el turquesa de las cúpulas de las mezquitas y cielos de oriente medio y el anaranjado color del azafrán y el de sus desiertos.


En Yazd, la ciudad más religiosoa del país, nos encontramos con Salman y Leili, una joven pareja que vive en un apartamento recién comprado a las afueras de la ciudad. Somos sus huéspedes y nos reciben con la mejor de sus sonrisas, nos sentimos como en casa…Nos hablan de sus expectativas, de lo que esperan en el futuro de su país, de los deseos de viajar a Europa y poder visitarnos en España pronto. Son traductores de inglés-farsi, cultos y su conversación es distendida y muy interesante. Preparamos nuestros días en la ciudad.

En Yazd puedes encontrar todo un laberinto de callejuelas y construcciones hechas de adobe que parten desde la mezquita de Jameh. Apenas hay turismo y transitamos solos por aquellos recovecos centenarios, nos cruzamos con algunos niños que se entretienen con cualquier cosas y un hombre con su burro cargado de aljorjas maltrechas nos saluda casi sin ganas- ¡Salam!.Nos detenemos en el relajante hotel Silk Route (Ruta de la Seda), todo un caravensarai para estirar el cuerpo en una especie de sofá a media altura lleno de cojines y alfombras baratas. Pedimos te con dátiles. Disfrutamos de nuestro tiempo en el patio principal del hotel mientras escuchamos la llamada del muecin.


Desde Yazd en dirección a Teherán

VIAJAMUNDEANDO

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